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Jueves 2 de Octubre 2014

La dependencia de América Latina

1 Octubre, 2008

Durante la mitad del siglo 20, América Latina experimentó varios modelos políticos y económicos para salir del subdesarrollo y de la dependencia de los EEUU, sin obtener resultados.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el gobierno norteamericano influenció políticamente a paises de todo el mundo, para que el comunismo no se extendiera, provocando la pérdida de sus privilegios económicos en las relaciones mantenidas especialmente con Latinoamérica.

La solidariedad continental y el anticomunismo impuesto por Washington, se plasmaron en el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca, firmado en Rio de Janeiro en 1947. El acuerdo autorizaba, el intervento militar colectivo, cuando se considerase amenazada la seguridad de uno de los estados de los paises miembros.

Sobre el plano político, el nuevo sistema de relaciones se completó con la Organización de los Estados Americanos (OEA), según el acuerdo escrito en Bogotá en el 1948.

Hasta los años 80, la OEA fué considerada por la izquierda y los sectores nacionalistas latinoamericanos: “el ministerio de las colonias de los EEUU”, debido a su falta de independencia.

En realidad, el continente presentaba una variedad tan grande de situaciones anómalas, que resultó imposible, evidentemente, encuadrar sus problemas en un esquema.

El segundo conflicto bélico mundial, produjo diversas consecuencias a la economía de los paises que no cubrian las necesidades de las tropas aliadas. Las Naciones que exportaban productos no vinculados a las carencias provocadas por la guerra, sufrieron fuertes pérdidas. Las cosechas de café, coco, bananas y azúcar, productos que no tenían un mercado permanente de consumo, llevaron a la recesión al Brasil, así como a los paises centroamericanos y del Caribe.

Chile soportó la falta de compradores británicos del cobre, cuando Londres se abastecía de sus colonias en Zambia, no obstante, el gobierno de Santiago supo compensar esa pérdida, vendiendo nitratos y minerales para la fabricación de armas. Méjico y Venezuela redujeron la exportación agrícola, pero aumentaron aquella del petróleo.

Para Argentina y Uruguay fué un momento particular, porque la fuerte demanda de carne, cereales y lana permitieron vivir de prosperidad y acumulación de reservas, que se prolongaron hasta el fin de la guerra de Corea.

La falta de manufactura tradicionalemente importada, llevó a un proceso de industrialización, sobretodo en Méjico y en algunos paises de América del Sur.

De esa necesidad, nació particularmente en Argentina, Brasil y Mejico, un sentimiento de nacionalismo económico, inspirado a defender las propias riquezas. A tal fin promovieron la creación de industrias generalmente ligeras, mediante ofertas y creditos, mientras otras ya existentes fueron transformadas en haciendas estatales.

El nacionalismo económico tuvo grandes límites. En primer lugar, el transferimiento de capitales hacia la industria perjudicó el sector rural y lo mantuvo firme en su atraso. La ausencia de industrias pesadas y la construcción de maquinarias señaló, durante los años 50, la necesidad de construir un modelo tecnológico.

Surgió así la teoria del DESARROLLO, encarado para romper la dependencia, con estímulos para las industrias fundamentales y pesadas. Pero la falta de capitales y la presión de los EEUU sobre las oligarquias locales para que no apoyaran la financiación de ese tipo de industrias, impidieron el alcance de tal anhelado progreso.

En ese vaivén y poco estimulante cuadro económico, el peronismo argentino representó uno de los procesos políticos más importantes. Con su obra, el Ministro del Trabajo, Juan Domingo Perón, logró entusiasmar y organizar la clase obrera, apoyado por su segunda mujer, Eva Duarte.

En 1946 llegó a la presidencia, confutando a los adversarios políticos en un regular proceso electoral.
Durante el mismo, se opuso a una alianza formada por el resto de todas las fuerzas políticas de izquierda y de derecha, como también a la campaña electoral, dirigida personalmente por el embajador de los EEUU.

Perón encabezó el principal experimento nacionalista popular de América Latina, a través del estímulo a la industrialización y nacionalización de los sectores estratégicos de la economía, del transporte ferroviario y naval.

Mientras el presidente guiaba el proceso político, aliado con la clase obrera, con algunos sectores de la burguesia y con una ondada de inmigrates desembarcados en Buenos Aires por causa de las guerras en europa, Evíta mostraba su figura, protectora de los desheredados y “descamisados”, a través de intensas actividades sociales.

Al segundo gobierno de Perón, su mujer había ya muerto, transformandose en una figura mítica. El modelo económico justicialista comenzó a mostrar signos de agotamiento. Perón respondió a la oposición con medidas autoritarias, persecuciones y censuras de algunos cotidianos. En 1955, una alianza militar, oligarca y proletaria lo destituyó, instaurando otra dictadura. El exilio, transformó a Perón en un referimiento político.

En Brasil, en 1950, luego del gobierno pro-norteamericano de Eurico Gaspar Autra, volvió al poder Getulio Vargas, iniciando un proceso similar al peronista. Intervino en la economia, creando monopolios estatales en sectores estratégicos: petroleo y electricidad.

Vargas, no pudiendo contar con el apoyo de una clase obrera organizada como aquella argentina, puso en acto una politica contradictoria, aliando la oligarquia del café con los sindicatos. Dicho experimento concluyó en 1954, con una crisis de gobierno y el suicidio de Vargas.

En Mejico, los gobiernos de Avila Camacho y de Miguel Alemán moderaron el nacionalismo de Lazaro Cardenas, promoviendo la industrializacion a través del sector privado. El control de la desconformidad social, causado por la pobreza de los campecinos y la inflacion, fue manejado por la burocracia y los sindicatos oficiales.

El nacionalismo confluyo así en un nudo ciego, favoreciendo nuevas surgentes de desarrollo. Ocurrió lo mismo en Colombia, Perú y Venezuela, con rupturas institucionales. Y en Chile y Uruguay en ambito constitucional.

Los principales representantes politicos latinoamericanos del desarrollo fueron el presidente Arturo Frondizi en 1958/1962, destituido por un golpe militar, y el brasileño Juscelino Kubitchack (195671961).

La resistencia oligárquica impidió desarrollar el programa de gobierno de Frondizi, sobre todo aquel de la explotación del petróleo. Kubitchak logro el ingreso de capitales extranjeros, transformando la ciudad en construcción de Brasilia en la nueva capital del Brasil.

América Central y el Caribe continuaron a ser la reserva privada de los EEUU.
Todos los intentos de poner fin a la dependencia y de romper el modelo exportador, fueron saboteados con sanguinarias dictaduras: Trujillo en la República Dominicana y Somoza en Nicaragua, además otras intervenciones militares, como aquella en Guatemala del 1954.

La consolidación de la democracia en Costa Rica, fué una imponente excepción y Cuba también representó una excepción, con el triunfo de la revolución guiada por Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Desde el 1868 el gobierno cubano se encontraba en una situación de sometimiento a los EEUU. La principal actividad económica de la isla era el cultivo de la caña de azucar, en mano de propietarios latifundistas nacionales y norteamericanos.

Después de un fallido intento de sublevación en 1953, Castro fundó en Mejico el movimiento 26 de Julio y en 1956 invadió la isla, al comando de 80 hombres. En la sierra Maestra formó un ejercito revolucionario e inició un proceso de lucha armada que culminó en la victoria del 1959. El programa de Castro preveía la redistribución de la riqueza nacional tras la empobrecida población cubana, y con ése fin expropió latifundos para redistribuirlos a los campecinos sin tierras.

El gobierno de Eisenhower acusó de inmediato la revolución cubana de “comunismo”. Castro, que entonces no tenIa buenas relaciones con los comunistas pro-sovieticos cubanos que habian apoyado al dictador Batista y rechazado la posibilidad de una revolución agraria, negó tal definición. No obstante, la Cia organizó incendios en las plantaciones de cañas de azucar, utilizando aviones con base en Florida.
A cada uno de éstos golpes, Castro respondió con nuevas expropiaciones, terminando por nacionalizar las plantas de la Standard Oil.

En 1961, John Kennedy autorizó el desembarco de “tropas batistas” en la Bahia de los Cochinos, seguida por hombres adiestrados en los EEUU. La acción contrarevolucionaria fué un desastre y, ese mismo año, Castro estrechó relaciones con la Unión Sovietica, declarandose “marxista-leninista”.

El gobierno de los EEU, ante el entusiasmo suscitado por la revolución cubana en América Latina, reaccionó creando la “Alianza para el Progreso”, programa de préstamos y asistencia técnica condenado desde el inicio al fracaso, por la entidad de los fondos dispuestos, absolutamente insuficientes para las necesidades del Continente. Sobre todo, por las rígidas condiciones politico-comerciales que el gobierno de Washington imponía para conceder créditos.

Fue así como se desmoronó la Alianza para el Progreso y la ilusión de América Latina en desarrollar un nuevo capítulo de su economía, sobre la cual se proyecta desde entonces la sombra de Cuba.

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